22 mar. 2012

¿Por qué seguimos haciendo las mismas cosas si no nos dan el resultado que queremos?







Este video nos hace plantearnos la siguiente cuestión: ¿Por qué a veces nos comportamos de una manera determinada cuando podemos hacerlo de otra?

Muchas veces actuamos “así” porque lo hemos aprendido de los demás. Nuestra familia, nuestros amigos, la sociedad se comporta “así” y nosotros nos limitamos a repetir patrones de comportamiento por pura imitación. Pero no nos planteamos el por qué de estas actuaciones. Simplemente nos dejamos llevar por la corriente. No reflexionamos sobre el origen de las cosas. Nos decimos “siempre lo he hecho así,  lo  he aprendido así de pequeño y así es como debe ser” (Elsa Punset)

Elsa Punset explica que los humanos aprendemos más por imitación que por lógica. “El repetir lo que creemos que sabemos sin analizar si es cierto o no nos da seguridad, ya que somos como el resto de la manada. Queremos ser como los demás”

A continuación podemos ver un experimento realizado en la Universidad de St Andnrews (Escocia) donde se refleja de forma muy evidente lo que platea Elsa Punset.

En este experimento la doctora Victoria Horner enseña a niños y a chimpancés a obtener una recompensa, en este caso un caramelo, si siguen una serie de directrices correctamente. Se trata de realizar tres acciones diferentes de forma consecutiva en una caja opaca. Debido que no se puede ver lo que hay dentro de la caja, no se puede observar la relación de causa-efecto de las distintas acciones sobre el resultado final, que es conseguir la golosina.

                                     



En el segundo video, se puede observar la misma caja con idéntico mecanismo pero en esta ocasión, al ser transparente, podemos apreciar que las acciones que se tienen que llevar a cabo para obtener la recompensa son absurdas e inútiles. Ahora que se puede ver la relación causa-efecto ¿actuarán de la misma manera los niños para conseguir el caramelo? ¿Y los chimpancés?

  


Como hemos podido comprobar después de ver el segundo video, los niños siguen realizando las mismas acciones aun viendo que no sirven para nada. Sin embargo, los chimpancés actúan seguidos por la lógica, y no por la imitación, para conseguir su recompensa más rápidamente.

Esto demuestra como los seres humanos tendemos a imitar las acciones de los demás al margen de la eficiencia de nuestros comportamientos. Así lo hemos aprendido y así lo hacemos sin plantearnos sin cabría otra posibilidad de hacer las cosas.


En otras ocasiones, ocurre que sí somos capaces de ver otras realidades pero aun así nos resignamos y nos conformamos con lo que hay. Intuimos que hay formas distintas de abordar las situaciones que quizá nos aporten mejores resultados, pero nos produce miedo e incertidumbre el cambiar nuestra forma de actuar. Nos cuesta salir de nuestra zona de confort, porque es aquí, donde nos sentimos seguros y tranquilos a pesar de que puede que ahí fuera las cosas sean mejores.


Si hago lo de siempre, por imitación, por conformismo, por miedo a lo diferente, y no me da resultados ¿por qué no probar otra cosa distinta? ¿Qué tenemos que perder?

A veces no nos animamos a cambiar nuestros comportamientos, actitudes, pensamientos, situaciones, porque esto supone esfuerzo, tiempo y energía. Es más cómodo y sencillo hacer lo de siempre, pero entonces tendremos que aceptar que puede que las consecuencias sigan siendo las mismas.


16 mar. 2012

RESILIENCIA

        La importancia de la fortaleza interior
          


La fortaleza interior es la fuerza y el vigor necesarios para poder afrontar las adversidades y además salir fortalecido de ellas. A este tipo de fortaleza se la conoce hoy en día con el nombre de RESILIENCIA. Resiliencia es la valentía de florecer pese a estar ante las circunstancias más terribles.





Las personas resilientes tienen mayor equilibrio emocional para manejar adecuadamente las situaciones de estrés, ansiedad, desesperanza, frustración, miedo... Esto les permite fortalecer su autoestima ya que aumenta la confianza en sí mismos. Sienten que su vida y su estado anímico no dependen de las circunstancias que les rodean, sino de cómo valoren esos acontecimientos.  Ya lo decía Epicteto, el hombre no se siente perturbado por las cosas que le suceden, sino por la interpretación que hacen de lo que les pasa. Esto genera una sensación de autocontrol frente a los acontecimientos y una mayor capacidad para afrontar retos (Instituto Español de Resiliencia).

"Cuando no podemos cambiar la situación a la que nos enfrentamos, el reto consiste en cambiarnos a nosotros mismos"
Viktor Frankl
       

La historia de Helen Keller es un ejemplo de cómo la fuerza interior, el afán de superación y la actitud adecuada, sirven como ingredientes suficientes para poder afrontar las adversidades más terribles. 

Helen Keller nació en Alabama, Estados Unidos, en 1880. A los 19 meses de edad contrajo una enfermedad que le causó sordoceguera y le incapacitó para poder hablar. 

A pesar de sus discapacidades, cuando Helen cumplió los 7 años, había inventado un repertorio de más de sesenta señas diferentes para comunicarse con su familia. Sin embargo, Helen se convirtió en una niña muy consentida y caprichosa. Con su carácter incontrolable y sus rabietas tenía a toda su familia aterrorizada y desesperada. 

Fue entonces cuando sus padres solicitaron los servicios de una institutriz llamada Anne Sulllivan, que con tan solo 20 años, consiguió educar a Helen a través del uso de la disciplina y el cariño. Le ayudó a crear una forma de comunicarse con los demás, basada en el método Tadoma. Este método consiste en leer de forma táctil los labios del hablante y sentir las vibraciones en su garganta cuando habla. Para que aprendiera a escribir, Anne Sullivan creó un tablero especial donde podía formar letras escribiendo con un lápiz.




Helen fue a la escuela de Cambridge para señoritas y en 1900 entró en la Universidad de Radcliffe, no sólo siendo la primera persona sordociega en licenciarse sino graduándose cum laude.

Aprendió alemán, francés, latín y griego con el método Braille. 

Durante su estancia en la universidad Helen comenzó a escribir un libro sobre su vida. A partir de ese momento, publicó numerosos artículos y escribió 11 libros.

Años más tarde, Helen y Anne, viajaron por todo el mundo ofreciendo conferencias sobre el poder de la fuerza de la voluntad basándose en sus propias experiencias. “Podemos hacer lo que deseemos si lo intentamos lo suficiente”, solía repetir con énfasis y optimismo en sus numerosas charlas. Helen se convirtió en una famosa oradora gracias a que Anne interpretaba cada palabra de cada uno de sus discursos. 

Helen se dedicó a recolectar dinero y hacer diversas campañas a favor de la lucha por los discapacitados sensoriales. En 1915 fundó la Helen Keller Internacional, una fundación para la investigación y prevención de la ceguera. Gracias a su entusiasmo, perseverancia y tenacidad, se mejoraron sustancialmente las condiciones de las personas aquejadas de este tipo de discapacidad.

Helen, en 1964, recibió el galardón de de la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor premio estadounidense para ciudadanos de a pie. Un año más tarde fue seleccionada para el “Salón de la Fama” en Nueva York. 

En 1968, Helen muere a la edad de 88 años después de treinta años de la muerte de su amiga y profesora Anne.

He aquí un ejemplo increíble de fortaleza interior y afán de superación. Tanto Helen como su famila y, por supuesto  Anne, decidieron no resignarse con el destino que les había tocado. Pese a las terribles y desgraciadas circunstancias, fueron capaces de luchar para seguir adelante. Ya lo decía William Shakespeare,

 “El destino reparte las cartas pero somos nosotros quienes las jugamos”

Ante los hechos que nos acontecen, tenemos la capacidad de decidir qué podemos hacer ante ellos.

“Cuando mi sufrimiento aumentó, me di cuenta de que sólo había dos maneras de afrontar la situación: reaccionar con amargura o transformar este sufrimiento en una fuerza creativa. Y elegí este último camino.”

Martin Luther King

La capacidad de resiliencia se consigue con la aceptación de los hechos. Pero aceptación no significa rendirse ni cruzarse de brazos. Aceptación es asumir lo que ha sucedido y mirar hacia adelante para concentrar todas mis energías en descubrir qué es lo que puedo hacer a partir de ahora, en vez de gastar energía y esfuerzos en pensar cómo podrían haber sido las cosas sobre las que ya no tengo ningún control.

La fuerza interior consiste en aceptar, desde la serenidad, lo que no puedo cambiar porque no depende de mí, en tener la valentía para transformar lo que sí puedo cambiar y en ser sabios para poder ver la diferencia.

Para lograr una mayor compresión de esta gran virtud y cualidad de ser resiliente citaremos textualmente a Alex Rovira que dice:

“Quizá el verdadero poder que nace del querer no radica en lo aparente, lo ostentoso, lo externo, y no es una simple cuestión de fuerza física, ingenio, riqueza o inteligencia.

Hay algo mucho más importante que tiene que ver con la fuerza interior.
    
El verdadero poder surge de lo más profundo del alma de cada ser humano; es aquella fuerza que nos hace afrontar los retos; levantarnos después de caer una mil y veces; luchar por una causa justa o necesaria; no perder nunca la esperanza; perseverar; dar una lectura constructiva a todo cuanto nos sucede, celebrar y agradecer cada instante de la vida; poner al mal tiempo buena cara; trabajar el corazón por un futuro mejor para todos; avanzar sin miedo; entregarse a cada desafío de la vida con coraje, responsabilidad, humildad y confianza”







A continuación mostramos, a través de un video, otro ejemplo de resiliencia para ilustrar gráficamente esta importante fortaleza que todos podemos cultivar a base de constancia, esfuerzo, motivación, confianza e ilusión.

CAERSE ESTÁ PERMITIDO, LEVANTARSE ES OBLIGATORIO



7 mar. 2012

APRENDER A EXPANDIR EL TIEMPO

  ¿Por qué a veces el tiempo se nos pasa volando y sin embargo hay semanas que se nos hacen interminables? La percepción del tiempo juega un papel importante, todos percibimos el tiempo de forma distinta, pero todos podemos aprender a expandirlo y a disfrutarlo.
  En ocasiones tenemos la sensación de que la vida pasa muy rápido. Cuando éramos pequeños, el tiempo parecía infinito, los viajes en coche eran interminables, las vacaciones de verano parecían años. Sin embargo ahora en nuestra vida de adultos, el tiempo se acelera de una manera abrumadora. Las navidades y cumpleaños parecen llegar antes cada año. Nos pasamos meses esperando con ilusión unas vacaciones o un evento importante y, cuando por fin llegan, pasan tan rápido que no nos da tiempo a disfrutarlo. Parece que siempre vivimos con la sensación de falta de tiempo, siempre tenemos una gran cantidad de tareas que hacer sin el tiempo suficiente. Nos pasamos la vida intentando tener más tiempo libre en el que luego aprovechamos para realizar nuevas exigencias y cuando conseguimos que sea verdaderamente libre estamos demasiado estresados para poder disfrutarlo con plenitud.
Del mismo modo que intentamos llevar una dieta saludable y hacer ejercicio  para alargar nuestra vida también podemos aumentar la cantidad de tiempo que sentimos para vivir lo máximo posible.
¿Por qué el tiempo transcurre a distinta velocidad en diferentes situaciones?
Según Steve Taylor, Profesor de desarrollo personal de la Universidad de Manchester, la velocidad del tiempo  está determinada, en gran medida, por la cantidad de impresiones que registra la mente: a más percepciones, más despacio va el tiempo. Uno de los motivos por los que el tiempo discurre tan despacio para los niños es porque lo experimentan todo por primera vez, y en consecuencia, perciben toda clase de detalles que a los adultos nos pasan inadvertidos: sonidos, sombras de la luz en la pared, pequeños insectos..A medida que nos hacemos mayores, se dan cada vez menos experiencias nuevas, por lo que perdemos esa intensidad de percepción a medida que el mundo se  va convirtiendo en un lugar familiar. Como consecuencia parece que el tiempo discurra más rápido.
Este autor realizó una investigación en el aeropuerto de  Manchester y descubrió que las personas que habían tenido unas vacaciones más aventureras en lugares desconocidos para ellos tenían la impresión de haber estado más tiempo del que había pasado realmente, mientras quienes regresaban de unas vacaciones en complejos turísticos sentían que el tiempo había pasado rápidamente.
De esto podemos inferir que una persona que pasa la mayor parte del tiempo de su vida haciendo el mismo trabajo, viviendo en la misma casa, haciendo las mismas cosas con las mismas personas en su tiempo libre entonces es inevitable que experimente un paso veloz del tiempo.
Si uno cambia de trabajo regularmente,  viaja a nuevos lugares con frecuencia, se impone nuevos retos e investiga nuevas ideas, el tiempo le pasará más lentamente.

ALGUNAS CLAVES PARA DISFRUTAR MÁS EL TIEMPO
VIVIR EL PRESENTE
La plena conciencia es un término budista que implica  poner toda la atención en la experiencia, en lo que estamos viendo, sintiendo, probando, oliendo o escuchando, en lugar de ponerlo en nuestros pensamientos. Significa vivir usando los sentidos y la experiencia en vez del cerebro. Se trata de vivir las cosas que nos rodean con la frescura de un niño, hay personas que son capaces de detenerse en la calle a admirar la forma de los arboles, el brillo del sol, el sonido del mar con una intensidad tal como si nunca antes los hubieran visto.
Seremos capaces de disfrutar más el tiempo cuando podamos detener el flujo constante de pensamientos o distracciones como la televisión o los videojuegos y vivir el presente prestando atención a las experiencias que estamos teniendo y a todo cuanto nos rodea.
Al prestar más atención a lo que estamos viviendo, captamos más impresiones y por lo tanto alargamos el tiempo del mismo modo que lo haría una nueva experiencia.


RALENTIZAR EL TIEMPO EN MOMENTOS DE DISFRUTE: SITUARSE FUERA DE LOS HECHOS.
¿Por qué no nos damos cuenta del paso del tiempo cuando nos divertimos? Según Steve Taylor en su libro Creando el Tiempo nos explica que cuando se trata de situaciones que nos absorben por entero, el tiempo pasa más rápido. Por ejemplo cuando vemos un partido de futbol lleno de emoción o cenamos con unos buenos amigos podemos ralentizar el tiempo si liberamos nuestra atención de la conversación o el espectáculo que nos rodea y nos dedicamos simplemente, a observar, a ser plenamente conscientes de nuestro entorno y nuestra experiencia, sin dejar que nos absorban.


DESOCUPAR LA MENTE CON LA MEDITACIÓN.
Una de las claves más importantes para detener el reloj es  la meditación ya que agudiza nuestra conciencia del entorno y hace que tengamos más percepciones haciendo desaparecer provisionalmente nuestro ego, nuestros pensamientos, recuerdos, creencias y concepto de sí mismo que en ocasiones nos absorben y nos impiden disfrutar del tiempo.
La meditación detiene el incesante flujo de pensamientos ya que consiste en emplear algún recurso que nos ayude a concentrarnos, un mantra, la llama de una vela o nuestra respiración. Una vez que hemos logrado fijar la atención en una sola cosa conseguiremos reducir los pensamientos relacionados con el futuro o el pasado y nos centramos más en el presente. En consecuencia el tiempo se nos irá haciendo cada vez más lento.
Si desea profundizar en cómo disfrutar más del  tiempo y construir una vida valiosa puede acudir al magnífico libro de Steve Taylor. Creando el Tiempo. (Ed La Llave)