Mostrando entradas con la etiqueta optimismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta optimismo. Mostrar todas las entradas

29 ene 2013

CAMBIO DE ACTITUD PARA SUPERAR LAS DIFICULTADES


Experimentar problemas y dificultades en la vida forma parte de la condición humana y es algo que no siempre podemos evitar. Todos en algún momento, nos hemos tenido que enfrentar con obstáculos e inconvenientes no deseados frente a los cuáles no hemos sabido cómo reaccionar. En muchas ocasiones nos hemos dado por vencidos pensando que no había forma de cambiar la situación o que sencillamente el problema era irresoluble. Tener problemas y vivir acontecimientos desagradables es algo inevitable. Lo que es sí es opcional y depende únicamente de nosotros, es poder reconvertirnos para poder afrontar esos acontecimientos con más optimismo, fuerza y serenidad. La clave consiste en un cambio de actitud

"¿Qué cosas puedo hacer yo para intentar que esta situación que estoy viviendo sea más agradable o más llevadera?" . 

Primero tengo que aceptar la situación sin intentar resistirme a ella o negarla. El que niegue la existencia de un problema no hace que éste desaparezca. Después tendré que comenzar un proceso de autorrestructuración para intentar descubrir cuáles son los recursos de los que dispongo para hacer frente a lo que me está sucediendo. En vez de valorar la situación como una amenaza, voy a interpretarla con un reto o un desafío. Este cambio de valoración generará en nosotros la aparición de emociones más placenteras como la ilusión y la motivación que favorecerán una actuación más adaptativa y resolutiva. Quizá pensemos que la situación no puede cambiar, pero probemos a cambiar la visión que tenemos de ella. En realidad, no tenemos nada que perder.


AUNQUE NADA CAMBIE, SI YO CAMBIO, 

TODO CAMBIA



Os animamos a visionar un corto estupendo sobre el valor de la amistad, la aceptación incondicional del otro y la capacidad para superar las dificultades. Todos podemos ser esa cigüeña ;)



8 ago 2012

¿EL PESIMISMO TIENE CURA?

Afortunadamente podemos transformar nuestra manera de pensar para ser más felices. Hoy se sabe que se pueden cambiar los patrones mentales. El objetivo es cambiar programas cognitivos disfuncionales por unos más adaptativos y útiles. Está demostrado que esto produce un cambio significativo en la estructura del cerebro. Cambiando la forma de pensar, podemos cambiar nuestros circuitos cerebrales gracias a la plasticidad del cerebro. Los pensamientos negativos generan actividad en el cortex derecho del cerebro por lo que provocan emociones displacenteras como ansiedad, estrés, depresión, ira… Sin embargo, si tenemos pensamientos optimistas y somos capaces de sacar una lectura positiva de las cosas que nos pasan, se activa el cortex izquierdo y de esta manera se generan emociones placenteras como felicidad, calma, gratitud, amor…

Teniendo en cuenta esto, y siguiendo el modelo ABC de Ellis, los pensamientos no sólo son los causantes directos de nuestras emociones sino también de nuestras conductas. Si tenemos pensamientos racionales, tendremos emociones placenteras y por lo tanto nuestros comportamientos estarán en la línea de nuestro estado emocional. Por lo que, mis emociones y comportamientos están determinados, no por las situaciones que nos acontecen, sino por mis interpretaciones sobre esos eventos.




La reestructuración de pensamientos produce un efecto neuroquímico demostrado científicamente.  

Alex Rovira lo explica de forma muy sencilla agrupando las conductas en diferentes tipologías. Por un lado tenemos las conductas S (serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa…). Éstas promueven la secreción de Serotonina, un neurotransmisor que produce sensación de bienestar y relajación. Por otro lado, tenemos las conductas R (resentimiento, rabia, rencor, reproche, resistencia, represión…) que facilitan la secreción de Cortisol, una hormona excesivamente perjudicial y dañina para nuestro organismo que incrementa el nivel de azúcar en sangre,  suprime el sistema inmunológico, aumenta la presión sanguínea y acelera el envejecimiento, entre otros efectos. A su vez, se produce una retroalimentación entre comportamiento y cognición-emoción. Las conductas S generan actitudes A: ánimo, amor, aprecio, amistad, acercamiento, apertura… Mientras que las conductas R provocan actitudes D: depresión, desánimo, desesperación, desolación… Es lógico pensar que cuando uno está triste deja de hacer actividades gratificantes y este abandono le llevé a estar más triste aun. Es entonces cuando nos introducimos en una espiral negativa de la que no podemos salir.

Por un lado, sabemos que mi forma de actuar puede generar cambios químicos en mi organismo y, por otro, que mi manera de comportarme depende de mis patrones mentales. Por lo tanto, es posible cambiar mis conexiones neuronales a partir de mi pensamiento. Ya lo decía Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina:
 
Todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro

El uso de pensamientos negativos, catastróficos, pesimistas como  “Nada me sale bien”, “Todo me sale del revés”, “Soy un fracaso”, “No soy capaz”, “Es imposible”, “Esto es amenazante”… no solo van a generar cambios importantes en el funcionamiento de nuestro cerebro, sino que no nos va a ayudar a resolver nuestros problemas. En todo caso, acrecentarán la magnitud de nuestras preocupaciones. Es fundamental ser conscientes de la importancia vital de nuestro diálogo con nosotros mismos. Debemos de ser cuidadosos con el lenguaje que empleamos, porque las palabras utilizadas tienen un potente efecto a la hora de enfrentarnos  a lo que nos ocurre. 

Mario Alonso Puig en su libro “Reinventarse. Tu segunda oportunidad”, nos presenta un sorprendente experimento científico para demostrar la relevancia que nuestro vocabulario adquiere en nuestro organismo:

A un grupo de voluntarios se les citó en un hospital de Estados Unidos y se les pidió que, durante unos minutos, observaran una serie de palabras de tipo negativo que aparecerían proyectadas en una pared. Por ejemplo, entre estas palabras podían estar algunas como “imposible”, “complejo”, “insuperable”, “peligroso”, “desagradable” o “atemorizador”. A continuación se les tomó una muestra de saliva para medir hormonas con la técnica de radioinmunoensayo.

La segunda parte del experimento consistía en que se cambiaban las palabras que aparecían proyectadas en la pantalla por otras de tono mucho más positivo. Entre ellas podían aparecer algunas como “posible”, “accesible”, “superable”, “capaz” o “valioso”. Después, se les volvió a tomar una muestra de saliva para radioinmunoensayo.

Los resultados fueron bastante curiosos, ya que en el primer ejercicio, el grupo presentó un aumento marcado de cortisol, mientras que en el segundo ejercicio, frente a la visión de las palabras más positivas, el mismo grupo de voluntarios presentó un descenso en las cifras de cortisol.
                                                                                    
Si creemos que nuestros propios pensamientos son ciertos (“no podré”, “no seré capaz”, “esto me supera”), se convierten finalmente en realidad porque empezamos a enfocarnos únicamente en aquellos aspectos que se identifican con lo que estoy pensando. Busco  inconscientemente cosas negativas debido al filtro mental que he generado  y al encontrarlas, se refuerza mi idea de que lo que pienso sobre mí mismo y/o sobre lo que me rodea es cierto. Se cumple la autoprofecía y al final la situación realmente termina desbordándome o me es imposible resolver ese problema.

Sin embargo, si soy capaz de cambiar mi manera de pensar puedo lograr cambiar mi vida.




La manera en que valoramos las cosas que ocurren en nuestra vida determina enormemente la forma en la que nos sentimos, pensamos y actuamos ante las situaciones


Pero esta transformación cognitiva es un camino arduo y laborioso que debe plantearse como un  proceso a medio - largo plazo. Es como plantar una semilla. No esperamos que al día siguiente crezca algo, sino que lo cuidamos y lo regamos, y al final de la semilla nace un árbol. 




 
Este cambio en nuestros patrones mentales requiere esfuerzo, constancia y perseverancia. Es cierto e innegable, que a veces, resulta difícil luchar contra nuestros pensamientos más negativos. Hay que tener en cuenta que llevamos mucho tiempo pensando de una manera determinada, de forma que esta filosofía de vida se ha automatizado y convertido en costumbre, pero al igual que aprendimos a pensar así, también podemos ahora, independientemente de la edad que tengamos, aprender a pensar de manera más sana y adaptativa. Si uno quiere encontrar su bienestar emocional ha de responsabilizarse de trabajar en sus pensamientos. El trabajo será duro pero a base de práctica diaria y empeño, se generará un nuevo patrón de pensamiento que a la larga se manifestará de forma natural y espontánea. Esto ocurrirá cuando lo hayamos convertido en un hábito. Y aun así, seguirán apareciendo pensamientos negativos inevitablemente pero, ya seremos más fuertes y estaremos más capacitados para hacerles frente. El proceso del cambio es un proceso que dura toda la vida.

                                                                                   
Una metáfora que utiliza Louise L. Hay es asemejar  los pensamientos con gotas de agua. Un pensamiento, al igual que una gota de agua, es algo insignificante pero si ésta se repite una y otra vez, al final termina empapando la alfombra. Después se genera un pequeño charco que se transforma en una laguna, la cual puede llegar a convertirse en lago y por último en un gran océano. Louise nos plantea estas preguntas: “¿Qué tipo de océano deseas crear? ¿Un océano contaminado y tóxico en el que no te puedas bañar? ¿O uno de aguas azules y cristalinas que te invite a disfrutar de su frescura?”. Y sintetiza de forma muy sencilla todo lo explicado a través de esta cita:

Los pensamientos que elegimos pensar son los instrumentos que empleamos para pintar el lienzo de nuestra vida.

Nuestra manera de pensar incide en lo que nos pasa. Nuestros pensamientos determinan nuestra vida. Cuando tomo conciencia de esto, puedo lograr grandes cambios.

Tenemos que ser capaces de sustituir nuestras viejas gafas por otras que nos permitan ver las cosas desde otra perspectiva, que nos ayuden a descubrir ventanas y puertas en vez de paredes y muros.

Por lo tanto el poder está dentro de nosotros. La felicidad está en nuestro interior.

Os dejamos con una autoafirmación que esperamos que sea de gran ayuda:

 LA LLAVE DE LA FELICIDAD ESTÁ EN TI


¿Quieres aprender a manejar tus pensamientos para conseguir mejorar tu bienestar emocional? Te invitamos a nuestro TALLER DE PSICOLOGÍA POSITIVA

Mas información:





16 mar 2012

RESILIENCIA

        La importancia de la fortaleza interior
          


La fortaleza interior es la fuerza y el vigor necesarios para poder afrontar las adversidades y además salir fortalecido de ellas. A este tipo de fortaleza se la conoce hoy en día con el nombre de RESILIENCIA. Resiliencia es la valentía de florecer pese a estar ante las circunstancias más terribles.





Las personas resilientes tienen mayor equilibrio emocional para manejar adecuadamente las situaciones de estrés, ansiedad, desesperanza, frustración, miedo... Esto les permite fortalecer su autoestima ya que aumenta la confianza en sí mismos. Sienten que su vida y su estado anímico no dependen de las circunstancias que les rodean, sino de cómo valoren esos acontecimientos.  Ya lo decía Epicteto, el hombre no se siente perturbado por las cosas que le suceden, sino por la interpretación que hacen de lo que les pasa. Esto genera una sensación de autocontrol frente a los acontecimientos y una mayor capacidad para afrontar retos (Instituto Español de Resiliencia).

"Cuando no podemos cambiar la situación a la que nos enfrentamos, el reto consiste en cambiarnos a nosotros mismos"
Viktor Frankl
       

La historia de Helen Keller es un ejemplo de cómo la fuerza interior, el afán de superación y la actitud adecuada, sirven como ingredientes suficientes para poder afrontar las adversidades más terribles. 

Helen Keller nació en Alabama, Estados Unidos, en 1880. A los 19 meses de edad contrajo una enfermedad que le causó sordoceguera y le incapacitó para poder hablar. 

A pesar de sus discapacidades, cuando Helen cumplió los 7 años, había inventado un repertorio de más de sesenta señas diferentes para comunicarse con su familia. Sin embargo, Helen se convirtió en una niña muy consentida y caprichosa. Con su carácter incontrolable y sus rabietas tenía a toda su familia aterrorizada y desesperada. 

Fue entonces cuando sus padres solicitaron los servicios de una institutriz llamada Anne Sulllivan, que con tan solo 20 años, consiguió educar a Helen a través del uso de la disciplina y el cariño. Le ayudó a crear una forma de comunicarse con los demás, basada en el método Tadoma. Este método consiste en leer de forma táctil los labios del hablante y sentir las vibraciones en su garganta cuando habla. Para que aprendiera a escribir, Anne Sullivan creó un tablero especial donde podía formar letras escribiendo con un lápiz.




Helen fue a la escuela de Cambridge para señoritas y en 1900 entró en la Universidad de Radcliffe, no sólo siendo la primera persona sordociega en licenciarse sino graduándose cum laude.

Aprendió alemán, francés, latín y griego con el método Braille. 

Durante su estancia en la universidad Helen comenzó a escribir un libro sobre su vida. A partir de ese momento, publicó numerosos artículos y escribió 11 libros.

Años más tarde, Helen y Anne, viajaron por todo el mundo ofreciendo conferencias sobre el poder de la fuerza de la voluntad basándose en sus propias experiencias. “Podemos hacer lo que deseemos si lo intentamos lo suficiente”, solía repetir con énfasis y optimismo en sus numerosas charlas. Helen se convirtió en una famosa oradora gracias a que Anne interpretaba cada palabra de cada uno de sus discursos. 

Helen se dedicó a recolectar dinero y hacer diversas campañas a favor de la lucha por los discapacitados sensoriales. En 1915 fundó la Helen Keller Internacional, una fundación para la investigación y prevención de la ceguera. Gracias a su entusiasmo, perseverancia y tenacidad, se mejoraron sustancialmente las condiciones de las personas aquejadas de este tipo de discapacidad.

Helen, en 1964, recibió el galardón de de la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor premio estadounidense para ciudadanos de a pie. Un año más tarde fue seleccionada para el “Salón de la Fama” en Nueva York. 

En 1968, Helen muere a la edad de 88 años después de treinta años de la muerte de su amiga y profesora Anne.

He aquí un ejemplo increíble de fortaleza interior y afán de superación. Tanto Helen como su famila y, por supuesto  Anne, decidieron no resignarse con el destino que les había tocado. Pese a las terribles y desgraciadas circunstancias, fueron capaces de luchar para seguir adelante. Ya lo decía William Shakespeare,

 “El destino reparte las cartas pero somos nosotros quienes las jugamos”

Ante los hechos que nos acontecen, tenemos la capacidad de decidir qué podemos hacer ante ellos.

“Cuando mi sufrimiento aumentó, me di cuenta de que sólo había dos maneras de afrontar la situación: reaccionar con amargura o transformar este sufrimiento en una fuerza creativa. Y elegí este último camino.”

Martin Luther King

La capacidad de resiliencia se consigue con la aceptación de los hechos. Pero aceptación no significa rendirse ni cruzarse de brazos. Aceptación es asumir lo que ha sucedido y mirar hacia adelante para concentrar todas mis energías en descubrir qué es lo que puedo hacer a partir de ahora, en vez de gastar energía y esfuerzos en pensar cómo podrían haber sido las cosas sobre las que ya no tengo ningún control.

La fuerza interior consiste en aceptar, desde la serenidad, lo que no puedo cambiar porque no depende de mí, en tener la valentía para transformar lo que sí puedo cambiar y en ser sabios para poder ver la diferencia.

Para lograr una mayor compresión de esta gran virtud y cualidad de ser resiliente citaremos textualmente a Alex Rovira que dice:

“Quizá el verdadero poder que nace del querer no radica en lo aparente, lo ostentoso, lo externo, y no es una simple cuestión de fuerza física, ingenio, riqueza o inteligencia.

Hay algo mucho más importante que tiene que ver con la fuerza interior.
    
El verdadero poder surge de lo más profundo del alma de cada ser humano; es aquella fuerza que nos hace afrontar los retos; levantarnos después de caer una mil y veces; luchar por una causa justa o necesaria; no perder nunca la esperanza; perseverar; dar una lectura constructiva a todo cuanto nos sucede, celebrar y agradecer cada instante de la vida; poner al mal tiempo buena cara; trabajar el corazón por un futuro mejor para todos; avanzar sin miedo; entregarse a cada desafío de la vida con coraje, responsabilidad, humildad y confianza”







A continuación mostramos, a través de un video, otro ejemplo de resiliencia para ilustrar gráficamente esta importante fortaleza que todos podemos cultivar a base de constancia, esfuerzo, motivación, confianza e ilusión.

CAERSE ESTÁ PERMITIDO, LEVANTARSE ES OBLIGATORIO